Era una tarde de esas de que parece que va a llover (spoiler: no lloverá), nublado, a primera hora de la tarde calor, al ponerse el sol comienza a hacer fresco…
Una mesa al lado de una cristalera, dos café encima de la mesa, una tarta de pistacho y una conversación.
Más tarde una cerveza (evidentemente con alcohol; al igual que el café SIEMPRE con cafeína), un refresco de naranja, dos croquetas de jamón ibérico («mmmm…») y unas patatas con beicon y queso cheddar.
¿Plan sin fisuras, verdad?
– Puede ser una tarde cualquier de dos amigas que quedan para contarse que tal les fue el día de compras y que una le cuente a otra que esta conociendo a un chico.
– Igual quedan un tío y su sobrino para charlas sobre finanzas.
– También puede sonar perfectamente a una primera cita entre dos desconocidos que a uno de los dos no le gusta hablar por teléfono y prefieren hacerlo en persona.
¿Y que mas da?
La cuestión es que unas líneas más abajo no recuerdas ya las características de los productos que te nombre.
Si que has recreado casi con toda seguridad como continua esta historia.
MORALEJA: «te quedaras con lo que te hace sentir y no con los cascabeles que le rodean.»
Lo mismo ocurre con un buen café de primera, recordarás que te sentó genial, recordaras su olor, con quien estabas el día que te lo tomaste y donde fuisteis después, pero casi CON SEGURIDAD no te acordaras cuantos gramos llevaba, que notas de cata tenia ni ninguna «floritura» de las que rodean al cefé de especialidad.
Pd: Otra cosa buena de tomar nuestro café es que no tendrás que salir corriendo de la cita… y menos aún si ese día hiciste piernas en el Gym.
¡Feliz día, salud!



